Ensayo sobre las cosas en las que más pienso, de Anne Carson, y notas al pie

En primer término les convendrá sobremanera conocer (y si no esperen a haber terminado el décimo párrafo) algunas de las sabrosas notas biográficas sobre Anne Carson que Ana Polo Alonso, con la ayuda de la propia protagonista, tan sutilmente engarza en su Courbett Magazine. En última instancia estarán conformes con haberlo hecho, pues ilustran deliciosamente parte del universo de la autora canadiense:

Anne Carson nació en Toronto, Canadá, en 1950. Su padre trabajaba en la banca y fue destinado a varios pueblos por todo el país, por lo que la infancia de Anne fue bastante nómada. Aparte de los múltiples traslados, lo más destacable de sus primeros años fue su pasión por los libros.

A su padre le gustaban los libros de Historia; a su madre le iban más los resúmenes de los clásicos que aparecían en el Reader’s Digest. A la pequeña Anne aquellas versiones abreviadas nunca le acabaron de convencer, pero se los leía igualmente. Se cuenta una anécdota de aquellos años: se dice que Anne leyó un libro titulado Vidas de santos y que le gustó tanto que intentó comerse las páginas. Resulta que es verdad. La propia Anne Carson lo reconoció en una entrevista.

Pero el libro que sin duda marcó un antes y un después fueron los poemas de Safo, la famosa poetisa del siglo VII antes de Cristo. El libro, lo recuerda perfectamente después de tantos años, era la edición de Willis Barnstone. Anne Carson tenía quince años cuando lo leyó y vivía entonces en Hamilton, una pequeña y aburrida población de Ontario. Un buen día, en un centro comercial, se topó con este libro bilingüe de la poetisa helena. “Yo era una adolescente necesitada de estímulos. La visión de las dos páginas yuxtapuestas, una de ellas un texto impenetrable pero de gran belleza visual, me cautivó y me compré el libro”. Aquellos poemas le cambiarían la vida.

Un año después de descubrir a Safo lo que la salvó del aburrimiento de la mudanza a Port Hope, otro pueblo igual de anodino, fue Alice Cowan, profesora de latín (Carson optó por el latín porque la única alternativa era mecanografía). Pero dio la casualidad que la profesora, Alice Cowan, también sabía griego antiguo. “Era una mujer excéntrica. Olía siempre a apio”, recordaría Anne con los años, “cuando supo de mi interés por aprender griego se ofreció a darme clases a la hora del almuerzo”.

Sea como fuera, gracias a aquellas clases particulares, Anne Carson descubrió un idioma “diferente a los demás, mejor. Es como si alguien te pusiera en las manos una lengua que solo tuviera una hora de vida, un ser vivo todavía cubierto de rocío”. Su entusiasmo por el idioma es obvio: “el griego es una de esas cosas que, cuando la conoces, te das cuenta de que es una de las mejores experiencias del mundo. No hay razón alguna para parar”.

Además, había una cuestión estética en aquel idioma. “Por aquel entonces, yo me creía una versión actual, renacida, de Óscar Wilde. Incluso tenía un traje parecido a los que él llevaba y me lo ponía de vez en cuando, para ocasiones especiales. Creía que Wilde era la persona más interesante de la Historia. Todo el mundo intelectual en los tiempos de Wilde incluía el estudio sistemático del latín y el griego. Por eso, para mí eran idiomas míticos y pensé, si aprendo griego me pareceré más a Óscar Wilde”.

Para consternación de sus padres, Anne anunció un buen día que iba a estudiar aquellas “dos lenguas muertas, totalmente imprácticas” en la Universidad. Durante meses, su padre insistió, incluso le rogó, que se formase en algo más que pudiera conseguirle un trabajo. “Me dijo que estudiase mecanografía por si acaso. Estuvo mucho tiempo preocupado. Hasta que no me dieron un trabajo en Princeton, de hecho, no se calmó”.

Anne Carson estudió Lenguas Clásicas en la Universidad de Toronto e hizo el doctorado en St. Andrews, Escocia. “La importancia de estudiar el mundo clásico es que es la base del mundo en que nosotros vivimos y hemos crecido, no son cosas del pasado, son cosas actuales, frescas, todavía pensamos en los términos que ellos establecieron. La novedad del mundo, de hecho, es volver a mirar lo que hicieron los griegos”.

Anne Carson se doctoró con una tesis sobre Safo, aquella poetisa griega que tanto la había marcado de pequeña. Aquella tesis luego se transformó en “Eros”, publicado en 1986, sin duda una de sus mejores obras y una reflexión, profunda y sugerente, sobre el deseo.

“Mi padre no sabía qué pensar sobre el libro. Mi madre consiguió leerlo hasta la página 37 y luego lo devolvió a la estantería con la intención de acabar de leerlo en algún momento, pero nunca lo hizo”. No es que no estuvieran orgullosos, al contrario. “Les enviaba todos mis libros y los ponían en la estantería y, cuando tocaba, los señalaban orgullosos a las visitas, pero nunca pensé que les gustasen, mucho menos que los disfrutasen”.

En 2020 Anne Carson ganó el Premio Princesa de Asturias de las Letras.

Essay on what I think about most

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Ensayo sobre las cosas en las que más pienso

En el error.1
Y en sus emociones.2
Estar a punto del error es una condición del miedo.3
Estar en medio del error es estar en un estado de locura y de derrota.
Darte cuenta de que has cometido un error produce vergüenza y remordimiento.
¿O sí?

Veamos.
Mucha gente, incluyendo a Aristóteles, opina que el error
es un suceso mental interesante y valioso.
Cuando habla de la metáfora en su Retórica,
Aristóteles dice que hay tres tipos de palabras:4
las extrañas, las ordinarias y las metafóricas.

“Las palabras extrañas simplemente nos descolocan;
las palabras ordinarias nos transmiten lo que ya sabíamos;
usando metáforas es como nos topamos con lo nuevo y con lo fresco”
(Retórica, 1410b10-15).
¿En qué consiste esa frescura de las metáforas?5
Aristóteles dice que la metáfora hace que la mente se experimente a sí misma

en el acto de cometer un error.
Ve la mente como algo que se mueve a lo largo de una superficie plana
hecha de lenguaje ordinario6
y luego de repente
esa superficie se rompe o se complica.
Emerge lo inesperado.7

Al principio parece raro, contradictorio o incorrecto.
Y después sí tiene sentido.8
Y es en ese momento cuando, según Aristóteles,
la mente se dirige a sí misma y se dice:
“¡Qué verdad es! ¡Y aun así cómo lo había malinterpretado yo todo!”
Es posible aprender una lección de los errores auténticos de las metáforas.

No es solo que las cosas no son lo que parecen,
y de ahí que nos confundamos;9
además, dicha equivocación es en sí valiosa.
Pero esperad un momento, dice Aristóteles,
hay mucho que ver y sentir por ahí.
Las metáforas le enseñan a la mente

a disfrutar del error
y a aprender10
de la yuxtaposición entre lo que es  y lo que no es.
Hay un proverbio chino que dice:
un pincel no puede escribir dos caracteres en la misma pincelada.
Y aun así

eso es justamente lo que hace un buen error.
Veamos un ejemplo.
Es un fragmento de cierto poema griego antiguo
que contiene un error de aritmética.
Por lo visto el poeta no sabe
que 2+2=4.

Fragmento Alkman 20:
[?] lo cual hacen tres estaciones, verano
e invierno y en tercer lugar otoño
y en cuarto lugar primavera cuando
hay florecimientos pero comer suficiente
no lo es.

Alkman vivió en Esparta en el s. VII a.C.
Entonces Esparta era un estado pobre
y es improbable
que Alkman llevara una vida de rico bien alimentado.
Este hecho es el contexto de sus observaciones
que desembocan en el hambre.11
Siempre tenemos la sensación de que el hambre

es un error.
Alkman hace que experimentemos este error
con él
mediante un uso efectivo del error computacional.
Para un poeta espartano pobre sin nada

en sus bolsillos
al final del invierno,
ahí viene la primavera
como una ocurrencia a deshora de la economía natural,
la cuarta en una serie de tres,
desequilibrada su aritmética

y su verso yámbico.12
El poema de Alkman se parte en dos a mitad camino con ese metro yámbico
sin dar ninguna explicación
sobre de dónde viene la primavera
o sobre por qué los números no nos ayudan
a controlar mejor la realidad.13

Tres cosas me gustan del poema de Alkman.
Primero, que es pequeño,
ligero
y económico de una manera más que perfecta.14
Segundo, que parece sugerir la presencia de ciertos colores como el verde pálido
sin ni siquiera nombrarlos.

Tercero, que consigue sacar a relucir
algunas preguntas metafísicas de primer orden
(como la de Quién hizo el mundo)
sin un análisis excesivo.
Fijémonos en que en el predicado verbal “lo cual hacen” en el primer verso
no hay sujeto: [?]

Es muy poco habitual en griego
que el predicado verbal no tenga sujeto; de hecho,
es un error gramatical.
Si les preguntáis, los filólogos estrictos os dirán
que este error no es más que un accidente de transmisión,15
que el poema tal y como nos ha llegado

con toda seguridad es un fragmento suelto
de un texto más extenso
y que es casi seguro que Alkman nombró
al agente de la creación
en los versos precedentes.
Bueno, puede ser.

Pero, como sabéis, el principal objetivo de la filología
es reducir todo placer textual
a un mero accidente histórico.
Y no me siento cómoda con la idea de que podemos saber exactamente
qué es lo que quiere decir el poeta.
Por lo tanto, dejemos el interrogante aquí

al comienzo del poema
y admiremos la valentía de Alkman
a la hora de confrontar aquello que queda entre paréntesis.
La cuarta cosa que me gusta
del poema de Alkman
es la impresión que da

de hacer que se desembuche la verdad, en contra de sí misma.
Muchos poetas aspiran
a conseguir este tono de lucidez inadvertida16
pero pocos se dan cuenta tan fácilmente como Alkman.
Por supuesto, su simplicidad es un fake.17
Alkman no es para nada simple,

es un maestro de la organización
(o lo que Aristóteles llamaría un “imitador”
de la realidad).
La imitación (mímesis, en griego)
es el término que utiliza Aristóteles para designar a los errores auténticos de la poesía.
Lo que me gusta de este término

es la facilidad con la que admite
que aquello con lo que nos las vemos cuando hacemos poesía es el error,
la obstinada creación del error,
el rompimiento deliberado y la complicación de los errores
de los cuales puede emerger
lo inesperado.

Así que un poeta como Alkman
deja a un lado el miedo, la ansiedad, la vergüenza, el remordimiento
y el resto de emociones tontas que asociamos con el hecho de cometer errores
para aceptar
la verdad verdadera.18
La verdad verdadera en el caso de los humanos es la imperfección.19

Alkman rompe con las reglas de la aritmética
y hace peligrar la gramática
y no da pie con bola en cuanto a la forma métrica de sus versos
para llevarnos a aceptar este hecho.
Al final del poema el hecho sigue ahí
y probablemente Alkman no tiene menos hambre.

Sin embargo, algo ha cambiado en el coeficiente de nuestras expectativas.20
Porque, haciendo que nos equivocáramos,
Alkman ha perfeccionado algo.
Sí, ha mejorado algo, ha mejorado algo de una manera
más que perfecta.
Con un solo pincel.

Notas:
1 Cosa hecha erradamente; desacertada o equivocada. Falso conocimiento que se tiene de algo. Es equivalente a la equivocación. Se conoce, pero tergiversadamente, sin alcanzar la verdad. Se distingue de la ignorancia en que esta es la falta de conocimiento. Quien cae en un error cree que sabe o que obtuvo el resultado correcto, siendo esto falso.
2 Alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática. Las emociones son impulsos para actuar. Todas las emociones son válidas. No se desconectan ni pueden evitarse.
3 Angustia por un riesgo o daño real o imaginario.  El  miedo,  como una  especie  de  madre prudente, nos ayuda a regular cómo de grandes deben ser nuestros pasos en cada momento.
4 Unidad  lingüística,  dotada  generalmente  de  significado,  que  se  separa de las demás mediante pausas potenciales en la pronunciación y blancos en la escritura.
5 Traslación  del  sentido  recto  de  una  voz  a  otro  figurado,  en virtud de una comparación tácita. Los escritores suelen utilizar metáforas para: inventar un nuevo sentido para una palabra, establecer relaciones inéditas entre las palabras o descubrir atributos insospechados en una palabra.
La metáfora puede realizarse de diversas maneras, que pueden combinarse entre sí y dar lugar a metáforas más complejas:
Metáfora simple o imagen: Responde a la fórmula a es b: Tus dientes son perlas.
Metáfora de complemento preposicional del nombre: Responde a la fórmula a de b: Dientes de perla.
Metáfora aposicional: Responde a la fórmula a, b: Tus dientes, perlas de tu boca.
Metáfora pura: Consiste en la omisión completa de a, y sólo queda b. Responde a la fórmula [a] b: Las perlas de tu boca.
Metáfora negativa: Responde a la fórmula no a, b: No dientes, son perlas.
Metáfora impresionista: Responde a la fórmula a, b1, b2, b3…: Tus dientes, marfil, blancura, destellos de sol…
Alegoría: Serie continua de metáforas que tiene una función narrativa o cognoscitiva.
Símbolo: Metáfora codificada por una tradición cultural. También puede ser un símbolo original, creado por el propio poeta, pero entonces hay que aludir a ellos como símbolos personales.
6 Común, regular y que sucede habitualmente o quizás que no tiene grado o distinción en su línea.
7 Que sucede sin esperarse. Imprevisto.
8 Razón de ser, finalidad o justificación de algo.
9 Tomar desacertadamente por cierto.
10 Adquirir el conocimiento de algo por medio del estudio o de la experiencia.
11 Gana  y  necesidad  de  comer  junto  a  escasez  de  alimentos  básicos, que  causa carestía y miseria generalizada.
12 En la poesía griega y latina, pie compuesto de dos sílabas, la primera breve y la otra, larga; en la poesía española, pie que tiene una sílaba átona seguida de otra tónica.
13 Lo  que  es  efectivo  o  tiene valor práctico, en contraposición con lo fantástico e ilusorio. Es aquello que realmente existe y se desarrolla. La realidad se distingue no solo de todo lo aparente, imaginario y fantástico, sino, además, de lo que es solamente lógico (concebido); también de todo lo que solo es posible, probable, aunque aún no exista.
14 Que posee el grado máximo de una determinada cualidad o defecto, de bondad o excelencia en su línea.
15 Acción y efecto de hacer llegar a alguien mensajes o noticias; conducir o ser el medio a través del cual se pasan dichos mensajes.
16 Que no repara en lo que debiera.
17 Falso, falsificado, fraudulento, fingido, ficticio.
18 Que no se puede negar racionalmente.
19 Falta o defecto ligeros.
20 Esperanza de realizar o conseguir algo o de que algo suceda.

Polo, A. El indescriptible placer de leer a Anne Carson. Courbett. Recuperado de: https://courbettmagazine.com/anne-carson/
Adminv&c (26 de septiembre 2017). Poema “Ensayo sobre las cosas en las que más pienso”, de Anne Carson. Vallejo&Co. Recuperado de: http://www.vallejoandcompany.com/poema-ensayo-sobre-las-cosas-en-las-que-mas-pienso-de-anne-carson/

Jimena Cid
Consejo editorial agua

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