Insistir en lo etéreo

Enseñar poesía consiste en seguir formulando preguntas que activan un cerebro colectivo, integrado por todos los que asisten a un taller, a un espacio tribal de regreso a lo que de primitivo nos queda en el lenguaje y en la piel. Seguir la senda de Valéry, de Riechmann, de Higgins, de Zambrano, de Supervielle, de Mujica, de Juarroz, de todos los que entienden que la poesía existe porque la realidad no existe. Enseñar poesía consiste en aprender a dudar conjuntamente y tratar de cantar lo que la realidad sería. Porque canto y cuento es la poesía y porque, como quería Ory, seguimos intentando decir lo que no sabemos decir.

Cada poeta tiene su propia definición de poesía, elabora su ars poética –que cambia, y está bien, que intenta no cambiar pero destella (en) sus fulguraciones, así, frase tremenda, pero pasasus voces, en el texto-tejido en el que se sumerge; sigue la descripción de Octavio Paz según la que el decir poético es suma de época, ritmo y manía de un determinado autor en una determinada época, y también se revela contra esa definición y contra todas, porque todo artista es un agresor y porque una definición es el fracaso falso de todas las demás. Formar parte de un curso de poesía supone formar parte de un pequeño think tank horizontal, tener la posibilidad de compartir, partir el pan del estupor, pensar con, compensar, copensar, sopesar, dudar con otros dudas similares, repartir ese peso. Porque la poesía no es magia, aunque resulte mágica; no es científica, es fantástica; no es muchas cosas, la verdad. Todo maestro debe ser ignorante, como el de Rancière. Ser capaz de enseñar, pero a desaprender, a desescribir, a descubrir. Otra vez Ory, siempre Ory: formación, reformación, transformación. Porque escribir es cribar y porque escribir poesía consiste en generar significado, tarea ésta tan insignificante como significativa. No ya sentir, sino crear sentido (por pequeño que sea, o grande, pero eso: que sea, que sea dicho, que se ha dicho).

Para Zurita la poesía es la posibilidad de lo que ya no tiene ninguna otra posibilidad. Siempre aciertan esas definiciones paradójicas, igual que siempre acierta el poema. El poema que se escapa de la tentación de querer-saber y simplemente deja-ver, más allá de ese repugnante y generalizado temblor monosémico que, en palabras de Rodríguez Padrón, tiene como objetivo corroborar sencillamente los simples y vallados significados de la realidad (ya saben, todo eso que, aunque dejemos de creer en ello, dice K. Dick, sigue existiendo y no desaparece). 

Cuánto se puede hacer con las palabras. Hasta otras palabras pueden hacerse de ellas. En la ultratierra eléctrica de Juan Ramón las preguntas que suelen asolarnos descansan. 

Sé que me tocará continuar insistiendo en lo etéreo, en lo otro. No es tarea tan tonta.Que suene lo que suena. Entender el poema como una caminata, todos flâneurs y todos consumidos por el juego. 

Es cierto, es cierto que hay algunos a los que no les gusta la poesía. También lo es que ellos tampoco le convencen a la poesía. 

Gonzalo Escarpa
Coordinación agua

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Gonzalo Escarpa es profesor, poeta, performer y gestor cultural. Cuenta con más de 15 años de experiencia formativa. Dirige La Piscifactoría Laboratorio de Creación, un espacio cultural independiente amigo de la experimentación y especializado en poesía, que trata de difundir los nuevos formatos artísticos y defender esos talentos que, en la línea del pensamiento de creadores como Agustín García Calvo y Chicho Sánchez Ferlosio, han decidido trabajar con pasión sin preocuparse por la connivencia general, más atentos sin duda a posibilitar variadasentelequias.

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