Epigramas obscenos

Plinio el Joven, escribiendo a su amigo Cornelio Prisco, decía de Marcial, no más tarde del año 104: “Oigo decir que Valerio Marcial ha muerto y lo llevo con pena. Era un hombre ingenioso, agudo, mordaz y que, escribiendo, tenía a raudales tanto sal como hiel y no menos candor […]”.

He aquí algunos ejemplos de sus epigramas obscenos:

Libro X
XXXII
Éstas son las que me gustan

Quiero a la que va de mujer fácil, a la que hace la calle ligera de ropa1745; quiero a la que ya antes se ha entregado a mi esclavo; quiero a la que se compra por entero con un segundo denario1746; quiero a la que ella sola da abasto a tres a la vez. A la que exige dineros y habla con palabras altisonantes, que se la tire una picha de la grosera Burdeos.

1745 Palliolata, en el texto; esto es, “vestida con un capillo”. Esta prenda ( palliolum) era una especie de manto griego (pallium), pero en pequeño, como si dijéramos una esclavina larga, y con capucha. En este contexto, sin embargo, no creemos que sea pertinente la capucha, sino el tamaño de la prenda, pues siempre se ha utilizado la ropa “mini” como reclamo callejero del oficio más antiguo del mundo.
1746 Esto es, el primer denario incluye “el servicio mínimo” y el segundo, lo que al cliente se le apetezca. Estas meretrices se llamaban diobolares, “de dos óbolos”, indicando su doble tarifa a la vez que su poco precio. Cf. P. Fest. 65, 8 L.; Varr. L. L. 7, 64; Plaut. Poen. 270: Seruolorum sordidulorumscorta diobolaria; y cf. Pseud. 648 y 656, con variantes en la lectura.

XXXVII
Aunque la mona se vista de seda…

Aunque estés en tu casa y te acicales en plena Subura, y te hagan las melenas, Gala, que te faltan, y te quites de noche los dientes igual que las sedas, y te acuestes condimentada con cientos de mejunjes, y ni tu cara duerma contigo, guiñas con el entrecejo ese que te han puesto por la mañana y no tienes respeto alguno a tu coño encanecido, al que ya puedes contar entre tus abuelos. Me prometes, no obstante, mil cosas; pero mi picha es sorda y, por más que sea tuerta, sin embargo ella te ve.

XLI
Contra el vicio solitario

Póntico, eso de que nunca echas un polvo, sino que utilizas de concubina la izquierda1765 y tu mano está al servicio de Venus como amante, ¿crees que no tiene ninguna importancia? Es un crimen, créeme, pero enorme; tanto, que difícilmente le cabe a uno en la cabeza. La verdad, Horacio echó un solo polvo para engendrar trillizos1766; uno solo Marte, para que la casta Ilia pariera mellizos 1767. Todo se habría perdido, si, masturbándose uno y otro, hubieran encomendado a sus manos unos goces asquerosos. Créete que la misma naturaleza de las cosas te dice: “Eso que desperdicias con tus dedos, Póntico, es una criatura humana”.

1765 Curiosamente, la mano sexualmente activa era la izquierda; cf. 11, 73, 4.
1766 Los tres campeones romanos que lucharon con los Curiacios, trillizos de Alba; cf. Liv. 1, 24-26.
1767 Rómulo y Remo.

LXIII
Dime de qué comes…

Te invitan a cenar, Febo, todos los maricones. A quien le da de comer su picha no es, creo yo, trigo limpio.

LXVII
¡Quedó limpia!

Tuve conmigo durante toda una noche a una joven lasciva, cuyas picardías ninguna es capaz de superar. Cansado de sus mil maneras, le pedí lo de los efebos1845: antes de terminar mi petición y a mis primeras palabras, me lo concedió. Entre risas y rubores, le pedí una cosa más atrevida: dijo que sí la lujuriosa, sin pensarlo ni un momento. Pero conmigo quedó limpia; contigo no quedará, Esquilo, si quieres aceptar este regalo con una mala condición1846.

1845 Practicar la sodomía.
1846 Parece que lo que Marcial pide es sexo oral. Ella dice que sí, pero con reciprocida que Marcial no acepta y, por tanto, de lo dicho no hay nada. Esquilo no será tan aprensivo.

Libro XI
XXII
Doble juego de un invertido

Eso de restregar por tu rostro endurecido los tiernos besos del níveo Galeso, eso de yacer con Ganímedes desnudo es —¿quién lo niega?— demasiado. Pero date por satisfecho, deja al menos excitarle sus partes con tu mano fornicadora2336. En los jóvenes imberbes peca más ésta que la picha y los dedos provocan y adelantan la virilidad. De ahí la sobaquina, el vello prematuro y la barba que sorprende a su madre y que no les guste bañarse a la luz del día. La naturaleza ha dividido al varón en dos partes: la una ha nacido para las mujeres, la otra para los hombres. Usa la parte que es tuya2337.

2336 También la lengua es calificada como fututrix; cf., infra, 61, 10.
2337 Estos principios de moralidad son sorprendentes y aparecen luego con frecuencia en este libro.

XXIX
No entiendes de caricias

Cuando con tu vieja diestra2355 empiezas a trastear en mis lánguidas partes, tu dedo pulgar, Filis, me estrangula. Y es que, cuando me dices “ratón”, cuando me dices “luz de mis ojos”, creo que difícilmente puedo recuperarme en diez horas. No sabes de caricias. Dime: “Te daré cien mil sestercios y unas yugadas de tierra de cultivo en Setia2356; toma vinos 2357, casa, esclavos, vajilla con incrustaciones de oro, mesas”. No hacen falta los dedos: menéamela, Filis, así.

2355 Curiosamente, en Roma, ellas utilizaban la derecha para darles gusto a ellos; pero ellos se daban gusto a sí mismos con la izquierda; cf. 9, 41, 2; 11, 73, 4
2356 Una de las mejores tierras en cuestión de vinos. Cf. 4, 69, 1; 10, 36, 6, con sus notas.
2357 Vinos de distintas denominaciones de origen.

XL
Dolor de muelas inoportuno

Luperco ama a la hermosa Glicera y él solo la posee y solo le manda. Como se quejaba de que en todo un mes no le había echado un polvo, queriendo explicarle el motivo a Eliano, que se lo preguntaba, respondió que a Glicera le dolían las muelas2375.

2375 Cabe una interpretación inocente, según el tenor literal de las palabras, y otra maliciosa. Sin darse cuenta, Luperco estaría declarando su perversión sexual: no utiliza la vía ordinaria, sino que la da a mamar.

LI
Ticio está bien dotado

Es tan grande la columna que le cuelga a Ticio como la que veneran las muchachas de Lámpsaco2403. Éste, sin que nadie le acompañe ni moleste, se baña en unas termas grandes y suyas propias. Sin embargo, Ticio se baña falto de holgura.

2403 En el culto de Príapo, para recabar la fecundidad; cf., supra, 16, 3, con la nota; Vrbs Roma, III, 82-83.

LVIII
Trances comprometidos

Cuando ves que yo quiero, Telesforo, y me notas en erección, me exiges un buen dinero —imagina que yo quiero decir que no: ¿puedo?— y, como no diga bajo juramento “te lo daré”, retiras esas nalgas que te lo permiten todo contra mí. ¿Qué hacer si mi barbero, blandiendo la navaja desnuda, me exige entonces su libertad y una fortuna? Aceptaría el trato, pues en ese momento no es un barbero quien exige, sino un ladrón: razón muy poderosa es el temor. Pero cuando la navaja se haya guardado en su curvo estuche, le romperé al barbero piernas y manos a la vez. En cambio, a ti no te haré nada, sino que mi picha, después de limpiarse en el colchón, le dirá a tu insaciable avaricia “que tome por culo”2419.

2419 En griego, en el texto.

LXII
No es que cobre, es que paga

Lesbia jura que a ella nunca se la han tirado gratis. Es verdad. Cuando quiere que se la tiren, suele pagar.

LXIII
Ten cuidado, curioso

Nos miras fijamente, Filomuso, cuando nos bañamos, y luego preguntas que por qué tengo unos esclavos imberbes que la tienen como Príapo. Contestaré sin rodeos a tu pregunta: Les dan por culo a los curiosos, Filomuso.

LXXVIII
Que te haga hombre una maestra de la Subura

Entrégate a los abrazos femeninos, entrégate, Víctor y que tu picha aprenda un oficio que no conoce. Se está tejiendo el velo de tu prometida, ya se está preparando la doncella, ya la recién casada va a rapar a tus favoritos. Una sola vez le permitirá ella a su ardiente marido darle por el culo: mientras teme las primeras heridas de un dardo desconocido. Su madre y su nodriza te prohibirán que eso suceda con frecuencia y te dirán: “Ésa es tu mujer, no tu mancebo”. ¡Ay, qué sofocos, qué dificultades pasarás, si el coño es para ti una cosa extraña! Así que ponte de aprendiz en manos de una maestra de la Subura. Ella te hará hombre: una doncella no enseña bien.

LXXXV
Ahora no te escapas

Tu lengua ha sufrido una parálisis repentina, Zoilo, mientras lamías2470. Ciertamente, Zoilo, ahora joderás2471.

2470 El mismo suceso en 11, 61, 13-14; cf. 11, 30; 6, 91.
2471 Ya que no puedes dedicarte a esas otras actividades sexuales desviadas.

XC
Gustos duros

No apruebas ni un solo verso que corra por un sendero suave, sino los que triscan por quebradas y altos peñascales y, para tu gusto, cosa más valiosa que los poemas meonios2474 consideras “columnita de Lucilio, aquí yace Metrófanes” 2475. Y lees atónito “de la tierra frugífera”2476, y todo lo que vomitan Accio y Pacuvio. ¿Quieres, Crestilo, que yo imite a poetas que sean antiguos y que te gusten? Que me muera, si no sabes a qué sabe una picha2477.

2474 Como si dijera “homéricos”, pues la tradición consideraba a Homero nacido en Quíos o en Esmirna, ciudades lidias las dos, en la región de Meonia.
2475 Es un verso de Lucilio; cf. mi libro La sátira latina (Madrid, Akal, 1991), p. 97.
2476 El gusto arcaizante de Crestilo se manifiesta en la dureza del verso anterior, que aprecia más que todas las obras de Homero, y en esta cláusula completamente arcaica (terrai frugiferai, en el texto), como corresponde a su autor, Ennio (239-169 a. C.). Lucilio murió hacia el año 103; Accio, vivió c. 170-85 y Pacuvio, 220-c. 131, todos ellos a. C.
2477 Con doble sentido: “no entiendes de literatura” y “entiendes de perversiones sexuales”.

Marcial, M.V. (2004). Epigramas. Zaragoza, España: Institución Fernando el Católico.

Jimena Cid
Consejo editorial agua

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