Instrucciones para hacer una aguadilla metafísica

Coke Martínez

“Prendo la pinza
en tu cabello lunar:
colibrí fugaz.”
Lao Tse Vasho,
de su libro Instrucciones para tender la ropa.

Lo primerito es pinchar los flotadores, alejarse unos kilómetros de cualquier forma sólida de sabiduría. Desconfía, completamente, de las pompas de jabón y las burbujas. Se trata de sacar tu lado acuífero, acuático, un poco de arándano, pero sin ponerse estupendo con los juegos homofónicos: no todo el campo es arégano. Lo ideal es jugar a lo ambiguo o polisémico y dejarse fluir entre el sociópata y la comedia del arte.
Para hacer una aguadilla metafísica olvídate de la fuerza bruta, utilizaremos otra que llamaremos, Fuerza Fugitiva (nombrada por Ptolomeo en sus cartografías marinas como fuerza de la livianidad –también nos vale-).
Coja a su víctima por un lado telúrico; repetimos que la sutilidad es importante, para que la experiencia del ahogado sea del todo filosófica. Por ejemplo, del sobaco, que aunque denostado por puristas y ortodoxos de los chacras, tiene tantas terminaciones nerviosas como una escolopendra.
En un movimiento poético como de escalofrío, deberá sumergir al iniciado (ayuda tener unos conocimientos previos sobre lo súbito o haber dado clase de sopetón). Notará un ligero rechazo inicial, hasta que poco a poco, su principio de flotación entre en paradoja.
Si ve que le empiezan a salir síntomas de sirena, pare de inmediato. Somos aguadillistas, no alquimistas.
El truco definitivo para alcanzar submarinas trascendencias es citar a Kierkegaard o Plotino, mientras lo hundes hacia arriba, como si uno estuviera cantando a Patti Smith. Mano de Santo.

Coke Martínez. Marinero en tierra no, marinero de pacotilla; algo así como un cantamañanas a tiempo completo. Letraherido, buscavidas, pelagatos (para qué negarlo), aunque si he de elegir ser una palabra compuesta, escogería rodamundo. Y al presentarme dejaría una entrelínea de viajes exóticos al pronunciar cada sílaba (la r inicial la exageraría tanto, como si estuviese conduciendo un sidecar). Con el asombro en flor, más parezco un cronopio que un riojano de pura cepa. Mi flaca figura tiene más que ver con que no tenga carné de conducir, que con el deporte. Eso sí, soy del gremio de los flaneurs y camino mucho, sobre todo erráticamente (esto también se puede aplicar a mis sueños).El día que descubrí que era un mal poeta fue el más feliz de mi vida. Desde entonces, me lo paso pipa o piruleta escribiendo bagatelas y divertimentos; algo así como un microrrelato, pero faltándole el respeto al género y añadiendo una pizca de picante o poesía.

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