Postismas

Señoras, señores, si han sido unos buceadores progresivos y atentos, habrán reparado en la sintonía sincrónica que todo elemento líquido posee. Los poemas que siguen forman parte del movimiento denominado Postismo, avanzado con esmero en la sección Plancton. Pasen y lean algunas de estas flores multiodóricas, fabulosas e irrepetibles:

CARTA DE NOCHE A CARLOS

Carlos yo te escribo trece trenes
trinos trece te estremece
y te envío mecedoras
a tu casa.
Que tu casa es una cosa
que no pasa.
En el filo sutilísimo te escribo
del estribo.
Puesto el pie en el mismo digo
como sigo por el hilo de tu higo
en el higo sutilísimo que sigo.
De mi casa a la tu casa sigo sigo
enviando mecedoras rutilantes.
Por la noche duermo, sueño, como, orino,
sueña papa manos pone tuyos hombros
cara tiene nívea cera transparente
gesto ambiguo de sus labios mucho temo
pasan cabras por sus ojos, dame leche
y en un coche por la estrecha remolacha
por los siglos de los siglos que me orino.
Pasan ciervos por mis ojos
luchan truchas en mi lecho
por debajo pasa el grajo, por la orilla la abubilla.
Que mis huesos son de corcho sueño a veces
y las heces que vomito son como oro.
Un gigante se aparece cada noche
y me dice cada cosa cada cosa,
cada cosa que no entiendo va y me dice.
No me llama por mi nombre el gigante ese
ni me tira de la oreja.
Te pregunto Carlos ahora por qué escribo
y te envío mecedoras.
Si te cuento lo que sueño no entristezco
a ningún amigo bueno que me escucha
por lo menos así pienso entumecido
ya a las puertas de esta noche.
¿Qué me espera? ¿Quién se agita en la penumbra
que los párpados me cierra suavemente?
He aquí pues que vuelvo al sueño como un guante
del conejo que hay delante de mi fuente.
Guardo un trozo de casulla del gigante
pongo botas quito mantas cuelgo abrigos
traigo trapos y amontono las almohadas.
En un hoyo me cobijo, me hago el muerto
y en espera de que el sueño llegue aúllo.
Vuelve el viento, la casulla, la osamenta,
el gigante, el calcetín y la abubilla.
Mientras tanto, Carlos, rápido te envío mecedoras.
¿Las entiendes? ¿Tú las ves que te las mando?
Si entre tanto te lo cuento estáte atento
al bicho ese que se sube por las barbas
es un tanto alocadillo y come mucho.
Al abrigo de la noria está la liebre
el molino escupe hileras de cipreses
el anciano da patadas al pesebre
el obispo zurce el culo de la avispa
y en el mango de la escoba vive el piojo.
¿No ves Carlos por la noche tú también
un portero con al hombro una escopeta?
¿Tiene una hija ese portero tú también?,
con la mano me hace señas y me enseña
una cosa mucilaginosa. ¿A ti no?
¿He de decir que me canso, que de cansar estoy vivo?
¿O he de decir que me vivo, que de vivir estoy canso?
Let me I write you, my dear.
Digo que me digas que digo
a estas cuatro paredes mi pena
mi congoja de hombre destartalado.
¿Soy yo cuna, ámbito habito
o es el hábito del obispo
que hace al monje o no lo hace?
Sigo enviándote mecedoras,
cuídalas, límpialas, pómpalas,
góndolas, lámparas, ordéñalas,
albérgalas en tu pecho
que el sultán viejo lo dice:
si el refrán mata a la rata
pon tu casa enjabelgada
que a decir viene lo mismo.

Eduardo Chicharro

XXIV

Será mi blanca tumba de madera,
será de siemprevivas y de orujo,
cordial en su acogida y verde lujo
de jaula, lonja, loca enredadera.

Será mi gayo túmulo escalera,
y en su huerto seráfico cartujo
mi cadáver será, sin más tapujo,
perdido lo mortal que antes vistiera.

Así deséolo yo que sean la caja,
el hoyo, el césped y la baratija
que ponen a los muertos los no muertos.

Digo que serán flores mi mortaja
porque entre los jardines que yo elija,
igual perfumarán mis ojos tuertos.

Eduardo Chicharro

XXXIV

Lama, laúd, polifacial ginesta;
la plurilingüe lengua de la estancia,
el discontinuo rótulo, jactancia
cristalina, suavísima y opuesta.

Mondo y lirondo la oscilante testa
sacude riendo el sátiro de rancia
risa y el rubio chorro riendo escancia
entre sus labios túrgidos. Pomona

dulces dones a todos dando cunde,
a los aires, al díscolo discóbolo,
mientras la Flora y Ceres traen la hormona.

Demetra con Perséphone confunde
el óvulo y el ósculo y el óbolo
y al dulce glauco fauno en la floresta.

Eduardo Chicharro

AUTOELEGÍA

Mi forma, mi carácter mi deseo,
pensando que la noche azul se ponga
no sueño nada en detrimento mío,
la corona que tengo en la cabeza
la soporto con gran resignación,
soy un rey desterrado en un retrete,
no tengo pantalones y me escondo
debajo de mi cama muerto de hambre,
me alimento de muchas musarañas,
la casa apuntalada de mis versos
es todo mi dominio personal,
y se orina mi alma por mis ojos,
si medito me duermo en un rincón
y el sueño que podía serme útil
se mete en una pierna y no sé en cuál,
mi candor, mi paciencia, mi descuido,
busco trabajo y pierdo mi salud
rezando mientras subo la escalera.

Carlos Edmundo de Ory

DAME

Dame algo más que silencio o dulzura
Algo que tengas y no sepas
No quiero regalos exquisitos
Dame una piedra

No te quedes quieto mirándome
como si quisieras decirme
que hay demasiadas cosas mudas
debajo de lo que se dice

Dame algo lento y delgado
como un cuchillo por la espalda
Y si no tienes nada que darme
¡dame todo lo que te falta!

Carlos Edmundo de Ory

ESPAÑA MÍSTICA

Cerro lomo inmenso tímpano doliente
y en las perchas de los árboles
las casacas de los ángeles se pudren
Pones puertas al desierto
pantalones al espíritu
Lava un poco tu esqueleto con jabón
De los muertos muertos de hambre
pararrayos de oraciones
el ciprés

Tengo sed de alcantarillas
y de cerveza bendita
Dame prisión de campanas
con tus rosarios mohosos
Con tus capas de torero
hazme un traje funerario
un sudario de primera
Y en mi tumba pon mañana
un cocido de garbanzos con chorizo

Fiesta digna de matracas y cohetes
Oh mi España de peluca y de tomate
Matricúlame de muerto en la alcaldía
y celebra un carnaval de escapularios
ese día noche alba o madrugada

Carlos Edmundo de Ory

SONETO PARANOICO

Solo en el mundo con mi media oreja
y una cortada flor en el semblante
bajo a la mina honda del diamante
que no tiene raíz ni tiene reja.

Mas como soy del odio tenue abeja
manada de algún duende nigromante
peinaré de mi espalda el monte amante
y con heces de concha de la almeja.

Mi paranoia de Iolao y Averno
¡hola pato de oro hola marea
donde la mar merece su medusa!

Y creo que de cebra tengo un cuerno
y de llama una pata panacea
que se gasta en mi alma y que se usa

Carlos Edmundo de Ory

PARÁBOLA DEL NIÑO PRÓDIGO

Trajo fríjoles el hijo,
rijas trajo, trajo tojos,
trajo, trajo, trajo, trajo
un trajín como un repollo.
¡Ay, qué hijo más canijo,
au, qué pijo más rijoso!
¡Ay, qué sombras cruzan albas
por encima y por debojo!
La luz tiene campanúlas
y la casa un perro dogo.
Aquel perro se emperraba
en hacer los mil destrozos
y ladraba el condenado
en mi fa sol la si do do,
y la madre le decía:
-Ponme, pónmelo a remojo,
que este hijo es hijoputa
por la gracia del rey moro-.
Y ¡ay, qué moro moriría
que ya está enterrado y todo,
y la niña está pequeña
conjugando el dedo gordo!
Con el lujo que traía
trajo lijas, trajo enojos,
trajo, trajo, trajo, trajo
un esqueje y un pez sordo
porque dicho antes lo había
que era sábado sin orto.
¡Ay, qué arpegio el hijo daba
con la teja del canónigo,
con la trompa del Eustaquio
y las bragas del Falopio!
¡Con qué ojos lo miraría
que lo vio vio casi todo!
Y su madre le decía:
-Si lo ves te doy un poco
y un guijarro pa que cuentes
cuántas caras tiene un ojo.
-¡Te jeringas, te jeringas
-dijo el hijo barbirrojo-,
no permito que se insulte
la memoria del demonio,
que el que a buen árbol se arrima
se levantará a las ocho,
y el que seca sacos verdes
punta saca a los verdoyos!-
¡Ay, qué hijito renacuajo
con testículos de toro,
con lentejas en las cejas
y con un pico de oro!
Daba pasos, daba pesos,
pisos daba, daba posos
y hasta daba caramelos
a los hijos de los cojos,
a los hijos que tenían
las mujeres en el moño.
Trajo rejas, trajo rajas,
trajo los calzones rotos,
trajo, trajo, trajo, trajo
la tragedia entre los codos.
¡Ay, qué risa daba el hijo
con los fríjoles al hombro!

Gabino-Alejandro Carriedo

ROMANCE DE LLUVIAS

Llove llove llove llove
el molino de las ranas
y la sombra de la liña
mueve el húmedo ectoplasma.
Siempre dije que la lluvia
parecía una montaña.
Al volver los aviadores
bailarán la balalaica.
Sonarán las hojas grises
en la alcoba de mi amada
y frondosa de rubíes
a bahía de la samba.

Una fábrica en la noche
siempre me era tan alegre,
siempre dije que la lluvia
me sonaba a viejo mueble.
Al volver los militares
se sentaron al poniente
y observábamos las lluvias
tras los grandes vidrios verdes.
Filamentos de bombilla
se encendieron a las veinte
y a las veintiuna en punto
se sacaron los floretes.

La camella enrosetada
asistía al refrigerio.
Un sonido de campana
se llevaba el agua dentro.
La que hacía de camella
daba saltos en el techo.
La azucena se movía
en el agua del ropero.
Y al venir los detectives
llovidísimos y densos
todos éramos dormidos
en un agua de dos metros.

Félix Casanova de Ayala

EL PÁJARO DE PAJA

El pájaro de paja
llora, volando en una caja.
Su corazón de cera
habla, cantando en una hoguera.

(No volví a aquella peluquería, porque
de uno de los espejos manaba siempre
sangre. Las figuras del Belén eran ab-
solutamente normales, estaban colocadas
en la situación acostumbrada, pero dis-
taban unas de otras miles y miles de ki-
lómetros).

Volverán las obscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar.

Basta: precipicios,
cráteres lunares,
dientes,
luces rojas, gritos,
cajas de instrumentos misteriosos
sobran.

Y el pájaro de paja
sigue, con su verde mortaja.

Su corazón de azufre
sufre.

Juan-Eduardo Cirlot

Jimena Cid
Consejo de redacción agua

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