La transmutación poética. Notas y dudas sobre traducción y alquimia

[Advertencia de lectura] 

Busca este artículo pensar sobre lo ya pensado, preguntar sobre lo ya preguntado, incidir en lo ya dicho, porque sabemos que los poetas somos gente que anda en círculos, felices de creer que dicen el círculo y el círculo les dice, mitológicos. 

No es raro escuchar que no tiene sentido leer poesía traducida, pero sospechen de quien lo dice, esperen, esperen un poco más y lo pillarán en una referencia, en una cita. Pero no se preocupen, el poeta es un animal de costumbres contradictorias, no hay que fiarse nunca y tampoco nunca más tarde. Con objeto de que esos poetas citen en paz y con el disfrute de pensar sobre el lugar de lo poético, propongo estas dudas.

[Transmutación. El traductor como sujeto alquímico del imposible]

Queriendo plantear desde este inicio la necesidad de renombrar la traducción de poesía como algo más concreto, más verídico, respecto a aquello que pasa, quiero empezar a dudar desde este artículo de la palabra traducción, proponiendo otra que, no sé si caprichosamente, entiendo como más verídica y precisa y que recoge, a mi parecer, muchos de los rasgos que sospecho necesarios en la llamada traducción poética,  propongo nombrarlo como transmutación, no siendo tanto traducir la tarea en este empeño, como el de transmutar mediante alquimia la materia hacia un nuevo estado-lengua- que recoge, amplía y renueva. 

Quizá el transmutador es el traductor afectado de obsesión y TOC, el traductor enamorado que busca la piedra filosofal, el imposible, y lo logra, transformando, reviviendo la obra creada en una nueva obra o metal precioso, de un (nuevo) valor incalculable. 

Porque el traductor de poesía transmuta lo que no se puede decir. Es un superviviente del lenguaje.

[La poesía]

Hablaba José Viñals del ojo bárbaro en la poesía y me pregunto, ¿no es el ojo bárbaro, lo bárbaro, lo que no entiende finalmente de idiomas?, es decir, ¿no ve el ojo bárbaro en cualquier idioma?  Si la poesía ya es en sí el lenguaje bárbaro del lenguaje propio, ¿no tiene sentido tratar de traducir poesía desde esa posición? Insistimos en la idea de que el traductor de poesía es, necesariamente, irreverente, cerval. 

No es casualidad que la RAE en la definición de traducir hable de mudar, hable de trocar, afile el bisturí del significado, lo transforme. 

Menciona Mariano Peyrou1 que John Keats hablaba de la “capacidad negativa” y lo resume como “la capacid.ad de asumir las incertidumbres, los misterios y las dudas sin irritarse”. Habla igualmente de que el lenguaje poético se distingue del cotidiano porque no es referencial; ¿se conserva eso en la alquimia de la traducción? ¿cuánta materia se pierde?

A veces son importantes los principios: parece imposible pensar sobre la traducción poética sin primero intentar definir lo poético. Como entendemos que es un lugar rico que no cabe y acabaría desparramándose y huyendo del artículo, igual que se posa poco tiempo hasta ampliarse en los libros de teoría, vamos sencillamente a esbozar unas notas.

Marisa Bello define la poesía como la casa del ornitorrinco y quizá en este misterio, en el hecho de ser incógnita, encontramos la verdadera fe universal de lo poético, que trasciende los símbolos occidentales u orientales y permanece, aún sin compartir el contexto, como duda que multiplica. ¿No es finalmente el misterio asombroso en cualquier idioma?

Pero en esta época de raciocinio enlatado ¿queda hueco en el siglo XXI para el duende saltarín que definía Lorca2? ¿hueco para la mística? ¿canta el duende con distintos zarcillos? Podríamos inicialmente pensar que la traducción se gesta desde lo racional, desde la pura abstracción del lenguaje, podríamos creernos que se sacude la materia de encima, que pulcramente activa la inmediatez del término, pero ¿en qué ceguera cabe? Ahora bien ¿cómo significar en otro idioma la falta de significado? 

Habla Octavio Paz3 sobre la confusión de la traducción y traducción servil (literal) ¿No debe ser acaso el traductor de poesía, como el poeta, irreverente?  Dice “Cada traducción es, hasta cierto punto, una invención y así constituye un texto único” ¿No es finalmente cada lectura desde la acción, la única lectura posible de poesía? Si el lector está llamado al movimiento, ¿cómo no va a estar el traductor llamado al baile? Queda conservado el aura, agrandada, enriquecida. 

Dice Peyrou4 que “El sentido de un poema es todo lo que percibimos al leerlo, aunque no se pueda parafrasear. Todos los elementos que constituyen un poema -también el sonido, el ritmo, la disposición sobre la página- están, insisto, “cargados de sentido en grado máximo” Un poema no tiene por qué ser sobre una experiencia, pero ha de ser una experiencia”

¿Cómo se capta, al traducir, la máxima significación del lenguaje? 

Entendemos que el traductor oscila constantemente entre sus elecciones, escoge el ritmo o el término, escoge la grafía o su símil, renuncia y reforma lo propuesto. Debe lograr transmutar la mayor cantidad poética hacia la nueva poética, pero cae en el peligro de obsesionarse, de, como en Arria Marcella, perder bajo capas y capas el objeto de deseo, el original: tenemos por valiente al traductor y entendemos que es en ese peligro, en esa trampa del exceso de amor y del ego de lenguaje, del que habla Octavio Paz al decir que el peor traductor de poesía es el poeta. Y a su vez no entendemos cómo el traductor de poesía no puede no ser poeta. Tampoco nos importa especialmente. 

Sí sus dudas: pudiendo transmutar forma o contenido ¿cómo escoge a qué renunciar? Entendemos que no hay una respuesta única o válida que acabe los grises, que en cada poeta y en cada poema destaca más un recurso u otro. ¿Es la transmutación poética una cuestión de color?

“En japonés el verbo pintar es el mismo que escribir: Kaku5“.

¿Puede traducirse la ruptura del automatismo o caemos en el automatismo? ¿se puede traducir lo que no se puede decir? ¿lo incomprensible ampliando el altavoz de idiomas? ¿cuánto queda de lo multívoco? ¿es acaso el resultado de la traducción una oda silenciosa de los significados como cadáveres que no se pueden decir? ¿si se traduce desde la perplejidad, se conserva la perplejidad? ¿hay alguna otra forma de traducir?

¿Y el símbolo? Me pregunto acaso si la cultura es la verdadera limitación de la materia, la trampa alquímica, el fracaso. Si el lenguaje es una metáfora acumulada ¿llega el abismo de cada palabra en cada cultura? Las traducciones dependientes de la notación ¿son una invitación a la duda del símbolo? ¿a la ruptura del acuerdo? ¿puede oriente leer a occidente sin estudiarlo? ¿tiene sentido pedirle eso a la traducción de poesía? ¿leer poesía no es acaso enamorarse de manera obsesiva ante la incógnita?

¿Acaso cabe pensar en una traducción de lo asémico? Si el referente de formas y colores también es acuerdo o hay algo que trascienda significado directamente del trazo al ojo. Podemos pensar en que el haiku traducido por términos tendría acaso otra traducción o debemos rendirnos a la lectura de nota al pie (o lectura de contexto) ¿Funciona la pintura distinto? ¿Y la música?

Si, como menciona Octavio Paz, se transmutan experiencias, qué sentido tiene cerrarse a la apertura de otros ecos porque reboten distinto en distinta piedra, si al final suceden, nos abisman y significan una apertura, un temblor, una incógnita.  

Para mí hay una respuesta clara: si queda la boca abierta se ha logrado bastante, ahora: cuánto del autor leo, cuánto del traductor. Como lectora de poesía traducida constantemente caigo en el asombro, pero ¿es suficiente respuesta? ¿si al leer un poema te acompaña después, trastoca la rutina, rompe o desdice?  Si los ojos se abren gigantes, entonces la alquimia de la transmutación ha sucedido: la sorpresa distinta en un lenguaje distinto, nuevo, multívoco, fugaz. ¿Es suficiente? ¿Qué hay más? ¿Cuánto nos perdemos? Escoger frente a quedarme reducida a un idioma que, en teoría, conozco, inmenso de lecturas, pero aun así más pequeño, más chiquitito, frente a ampliar y ampliar y ampliar entendiendo que en parte pierdo algo, en mucho, gano. 

No puedo sino acabar con una última cuestión: ¿el lector que busca significado, significante, busca poesía? 

Quizá el día en que la poesía y su traducción dejen de tener sentido llegue cuando la traducción del original sea unívoca, pues, entonces, entenderemos que el poema original lo es y, por tanto, estaremos hablando de un lugar distinto, parco, plano, casi impensable en verdad, pues no hay concepto unívoco ni tan siquiera en nombrar una mesa. Ni siquiera la ausencia del lenguaje, el silencio o el blanco, son unívocos, si ese día llega, escóndanse o… O no, no hay eco que les repita, porque el eco también transforma. Si ese día llega ya no estaremos más. 

Ante las dudas, dejo una selección (traducida) de asombros, sin quererlo acompañar del original, la selección básicamente nace de entender que, sin la traducción, llegar a estas autoras sería casi imposible (aumentando la dificultad según el desconocimiento de esos idiomas, pues hay muchas personas que sí pueden leer el original: a ellos nuestra intensa envidia).

Me parece interesante añadir tres traducciones de Daddy6 de Sylvia Plath, por la extensión del poema solo tomaré una parte, por no jugar al vértigo de caracteres, pero sí cederles el juego. 

Traducción de Ramón Buenaventura.7

Papaíto

No me sirves, no me sirves, 
ya no me sirves, zapato negro,
en el cual he vivido como un pie
durante treinta años, pobre y blanca,
sin atreverme apenas a respirar o hacer achís.

Papaíto: he tenido que matarte.
Te moriste antes de que me diera tiempo…
Pesado como el mármol, bolsa llena de Dios,
lívida estatua con un dedo del pie gris,
del tamaño de una foca de San Francisco

y una cabeza en el Atlántico extravagante
donde se derrama el verde habichuela sobre el azul
en aguas de la hermosa playa de Nauset.
Rezaba para recuperarte.
Ach, du.

En la lengua alemana, en la localidad polaca
apisonada por el rodillo
de guerras y más guerras.
Pero el nombre del pueblo es corriente.
Mi amigo el polaco

dice que hay un par de docenas.
De modo que nunca supe distinguir dónde
pusiste el pie, pusiste tu raíz:
nunca te pude hablar.
La lengua se me enganchaba en la mandíbula.

Se me enganchaba en un cepo de alambre de púas.
Ich, ich, ich, ich,
apenas conseguía hablar.
Creía verte en todos los alemanes.
Y el lenguaje grosero,

una locomotora, una locomotora,
que me apartaba con su silbato, como a un judío.
Un judío camino de Dachau, de Auschwitz, de Belsen.
Empecé a hablar como los judíos.
Creo que bien podría ser judía yo misma.
(…)

Traducción de Raquel Lanseros.8

Papá

Ya no
Ya no me vales, zapato negro
En el que he vivido como un pie
Durante treinta años, pobre y desvaída
Sin atreverme apenas a respirar ni a estornudar.

Papá, tendría que haberte matado.
Pero has muerto antes de que me diera tiempo─
Pesado como el mármol, saco lleno de Dios,
Estatua atroz con un dedo de pie gris
Grande como una foca de San Francisco

Y una cabeza en el insólito Atlántico
Donde el verde guisante se derrama sobre el azul
En las aguas de la hermosa Nauset.
Solía rezar para recuperarte.
Ach, du.

En la lengua alemana, en la ciudad polaca
Apisonada por el rodillo
De las guerras, guerras, guerras,
Aunque el nombre de la ciudad es muy común, 
Mi amigo polaco

Dice que hay una o dos docenas.
Así que nunca supe de dónde
Eras, tus raíces,
Nunca pude hablar contigo,
Se me atascaba la lengua en la mandíbula.
Se me pegaba a un cepo de alambres de púas.
Ich, ich, ich, ich,
Casi no podía hablar.
Pensaba que tú eras todos los alemanes.
Y el lenguaje obsceno

Una locomotora, una locomotora
Llevándome lejos en tren como a una judía.
Una judía rumbo a Dachau, Auschwitz, Belsen.
Empecé a hablar como una judía.
Creo que perfectamente podría ser judía.
(…)

Traducción de Xoán Abelaira.9

Papi

Tú ya no, tú ya no
Me sirves, zapato negro
En el que viví treinta años
Como un pie, mísera y blancuzca,
Casi sin atreverme ni a chistar ni a mistar.

Papi, tendría que matarte pero
Moriste antes de que me diera tiempo.
Saco lleno de Dios, pesado como el mármol,
Estatua siniestra, espectral, con un dedo del pie gris,
Tan grande como una boca de Frisco,

Y una cabeza del insólito Atlántico
Donde el verde vaina se derrama sobre el azul,
En medio de las aguas de la hermosa Nauset.
Yo solía rezar para recuperarte.
Ach, du.

En tu lengua alemana, en tu ciudad polaca
Aplastada por el rodillo
De guerras y más guerras.
Aunque el nombre de esa ciudad es de lo más corriente.
Un amigo mío, polaco

Afirma que hay una o dos docenas.
Por eso yo jamás podía decir dónde habías
Plantado el pie, dónde estaban tus raíces.
Ni siquiera podía hablar contigo.
La lengua se me pegaba a la boca. 

Se me pegaba a un cepo de alambre de púas.
Ich, ich, ich, ich,
Apenas podía hablar.
Te veía en cualquier alemán.
Y ese idioma tan obsceno

Una locomotora, una locomotora
Silbando, llevándome lejos, como a una judía.
Una judía camino de Dachau, Auschwitz, Belsen.
Empecé a hablar como una judía.
Incluso creo que podría ser judía.
(…)

Encuentren las diferencias, que decíamos. 

Además, me gustaría compartir estos tres poemas que, si bien comparten el origen indoeuropeo, no tienen la similitud de las lenguas románicas o la extensión del inglés.

Marina Tsvietáieva (Rusia, 1892-1941). Traducción de Natalina Litvinova.

Algún ancestro mío fue – violinista,
además jinete y ladrón.
¿Por eso me comporto como una callejera10
y mi pelo huele a viento?

¿Acaso no es él, moreno, quien roba
con mi mano – los damascos,
el cabello rizado y la nariz aguileña,
culpable de mi destino impetuoso?

Detrás del arado espiaba a los trabajadores
mientras masticaba escaramujo.
Era un mal compañero, – ¡pero un amante
valiente y cariñoso!

Aficionado a la flauta, la luna y los collares,
y a las jóvenes del pueblo…
Me parece que mi antepasado de ojos amarillos
también era un cobarde.

Por una moneda le vendió su alma al diablo –
no pasaba a medianoche por el cementerio.
Andaba con un cuchillo
escondido en la bota.

Una vez se apareció en la esquina,
saltó como un gato flexible…
Comprendí que mi ancestro
¡no se dedicaba al violín!

Inger Christensen (Dinamarca, 1935-2009). Traducción de Francisco J. Uriz.11

la noche de junio existe, la noche de junio existe,
el cielo por fin como elevado a las alturas celestes
y al mismo tiempo descendido tan delicadamente como cuando
los sueños pueden vislumbrarse antes de ser soñados; un espacio como
esfumado, como saturado de blancura, un repique

intemporal de rocío e insectos, y nadie en
este verano fugitivo, nadie comprende que
el otoño existe, el regusto y la reflexión
existen, sólo esas vertiginosas gilas
de ultrasonidos inquietos y la oreja de jade
del murciélago vuelta hacia el tictac de la niebla;
nunca había sido tan hermosa la inclinación del globo terráqueo,
nunca las noches blancas como el zinc tan blancas, 

tan indefensamente disueltas, suavemente ionizadas
blancas, y nunca el límite de la invisibilidad tan casi
rozado; junio, junio, tus escaleras de Jacob
existen, tus bichos durmientes y sus sueños de sueño
existen, un revoloteo de gérmenes galácticos entre
la tierra tan terrenal y el cielo tan celestial,
el valle de las lágrimas sereno, muy sereno, y el llanto
hundido, hundido, como las aguas freáticas de nuevo

bajo tierra; la Tierra, la Tierra en su órbita
alrededor del sol existe; la Tierra en su ruta
por la Vía Láctea existe; la Tierra en camino
con su cargamento de jazmines, con jaspe y hierro,
telones de acero, presagios y júbilo, con besos de Judas
dados promiscuamente e ira virginal
en las calles, Jesús de sal; con la sombra de la jacaranda
sobre el agua del río, con halcones, cazabombarderos
y enero en el corazón, con el pozo Fonte Gaia
de Jacopo della Quercia y con julio
pasado como una bomba; con cerebros hogareños
con dolencia cardíaca y cedacillo y fresas,
con las raíces de la casuarina en la tierra casada de la tierra

la Tierra que Yaiádeva canta en su poema místico
del siglo XII; la Tierra con la línea
azul costera de la conciencia y con nidos donde
la garza real existe con su espalda
gris azulada y encorvada existe, o el avetorillo común existe, misterioso
y tímido, o el martinete, la garceta existen,
y las variaciones en el aleteo del acentor común, grullas
y palomas; la Tierra con Jalandhar, Jabalpur y
Jungfrau existe, con Jötunheim y Jura
existe, con Jabron y Jamo, Jogjkarta
existe, con corrimientos de tierras, fumaria existe,
con masas de agua, masas de tierra, terremotos existe,
con Judenburg, Johannesburgo, la Jerusalén de Jerusalén 

Wislawa Szymborska. (Polonia, 1923-2012). Traducción de Abel Murcia y Gerardo Beltrán.12

Elogio de la mala conciencia de uno mismo

El ratonero no tiene nada que reprocharse.
Los escrúpulos le son ajenos a la pantera negra.
No dudan de lo apropiado de sus actos las pirañas.
El crótalo se acepta sin complejos a sí mismo. 

No existe un chacal autocrítico.
El tábano, la langosta, la tenia y el caimán
viven como viven y así están satisfechos. 

Cien kilos pesa el corazón de la orca,
pero en otro sentido es ligero.

No hay nada más bestial
que una conciencia limpia
en el tercer planeta del Sol. 

Saniya Saleh (Siria, 1935-1986). Traducción de Jaafar Al Aluni.13

Patria

Mi patria es mi sueño,
cabeza y corazón
ardiente y palpitante.
Mi patria son los caminos aislados,
la tumba y las salas de espera. 

Mi patria es el exilio, y los recuerdos
son las posibilidades:
el bosque perdido y los pueblos quebrados.

1Peyrou, M. (2020). ¿Qué es la poesía? Tensión y sentido. Una introducción a la poesía contemporánea (p. 21). Barcelona: Taurus.
2García Lorca, F. (Octubre 20, 1933). Juego y teoría del duende. Sociedad de amigos del Arte. Buenos Aires, Argentina.
3Paz. O. (1971). Traducción: literatura y literalidad. Barcelona: Tusquets.
4Peyrou, M. (2020). La imagen y el símbolo. Tensión y sentido. Una introducción a la poesía contemporánea (p. 73). Barcelona: Taurus.
5Almarcegui, P. (2021). Cuadernos perdidos de Japón. Barcelona: Candaya.
6El poema está fechado el 27 de octubre de 1962, según Ted Hugues en Sylvia Plath, Collected Poems. Ese día Plath cumplía 30 años. Nos parece un dato interesante que aprovechamos para indicar.
7Plath, S. (2016). Ariel. (Trad. R. Buenaventura: 12º edición) Hiperión. (Original publicado póstumamente en 1965).
8Plath, S. (2019). Antología poética escogida por Ted Hugues. Select Poems. (Trad. R. Lanseros: 2º edición) Navona editorial. (Selección original publicada en 1981 del libro Ariel publicado en 1965).
9Plath, S. Soy vertical, pero preferiría ser horizontal (2019) (Trad. X. Abeleira. Selecc. L. Miguel). Poesía portátil. Penguin Random House. (Original publicado póstumamente en 1965).
10Tsvietáieva, M. (2017). Noche mía, rival mía. (Trad. N. Litvinova) Llantén.
11Christensen, I. (2015). Alfabeto. (Trad. F.J.Uriz 2º edición) Sexto piso. (Original publicado en 1981).
12Szymborska, W. (2015). Saltaré sobre el fuego. (Trad. A. Murcia y G. Beltrán) Nordicalibros. (Original publicado en 1976).
13Saleh, S. (2016). Diván de poetisas árabes contemporáneas. (Ed. y trad. J. Al Aluni) Ediciones del oriente y del mediterráneo. 

Andrea López Montero
Consejo editorial agua

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