Elena Cappai Bonanni

FARMACIA DEGLI INCURABILI *

La inquietud hace los dientes
amarillos, los huesos se astillan 
solos, sin rozamiento: 

dicen que ayer se destapó 
el explosivo, pues hoy 
las callejuelas van secas
agresivas, mal arregladas – 

y al volver, vacilante, 
te esparces – hueca – sin vistazos;
entre pingües edificios,
empinadas calles:

y tropezando
no encuentras salida. 

¡DATE PRISA!

¡Es salubre fatigarse! 

Fuma – consuma – consigue 
una vida entera, una línea recta
paso a paso, despiadada. 

Esa la práctica: una herida 
tiene que ser tapada
en todos lados. Aquí están: 

las pesadillas hacen a los poetas
longilíneos, como espejos.

Olvidaron apagarnos, aun
metidos en negros sacos
recogidos sin cuidado: 

estallamos en plein air
en plan de fiesta, infestamos
el marco – un manto
acomodado, sin esfuerzo 
eléctrico, nos atiende

PERO LA SANGRE:
SU FLAQUEZA
NO LLUEVE, NO MUERDE

Ocupamos 
el siglo del quehacer
el siglo del injerto
del plástico azul 
que suplanta el mar. 

Oye, en voz alta: 
una luz se enciende, 
desde lejos, te llama:
«¿tienes fuego?».

*La Farmacia “de los Incurables” forma parte del “Complesso degli Incurabili”, en el casco histórico de Nápoles. Construida en el siglo XVI y restaurada en el XVIII con estilo barroco, hoy en día alberga un museo de artes sanitarias. 

RETINA

Esqueleto perlescente 
en plástico: un maniquí
conserva su forma, 
mirada fija 
estática – pestañas 
postizas – junto 
a un estrecho sombrero. 

A todos idéntico, 
ocupa su espacio 
sin tocar el suelo. 

Le moja copiosa 
una luz azulada: 
inauguración, 
bautismo rápido. 

Quien pasa alimenta 
la ducha elástica, 
el nudo flojo, las fauces 
las mangas largas 
de invierno.

Detrás – 
trastienda:

una vieja mastica 
ese ruido caliente y sudado 
en la mesa; 

se agita, detenida, en un punto; 
lo anota, precisa, sedienta 
del próximo, y en la línea 
funesta alterna 

al espacio su revés.
Sistema binario: 
vida – fallecimiento, 
puntuación sin texto. 

Una voz sin acento
introduce a los clientes: 
ellos avanzan, espejan 
sus ojos en las paredes.

Desnudo, el cuerpo 
es una figura habitual, 
fruta pintada, feo maletero – 
queda abierto. 

Los pasos vienen y van
los asientos siempre agotados 
pues el público se enfrenta 
a los trasfondos. 

Trastienda: 
a la costurera 
no le dan pena 
sus marionetas. 

le fastidia la violenta 
exhibición de siluetas; 
solo quiere, ella,
tendida la tela: llanura 

inaudita, retina 
horizontal para cansar 
los dedos, la superficie 
última, una tierra 

sin consolar. 

Siempre repite
aquel salto 
del pie a la silla: 

ondea un nombre, 
blanco, sus letras 
ocultas bajo algún estrato.

En la mano que sube, 
que baja, que busca
a veces el nombre 

se retuerce – no emerge. 

De ahí que se equivoque, 
reproduzca el desgarre, 

arregle. Remiende.

Despacio: 
un tramo – un espacio – un 
tramo – un espacio – mar 
abierto – un tramo – un espacio 

¿por dónde iba? 

se da vuelta 
hacia una frente  
tendida sobre un barco 
cansado: lengua 
extraña por el medio 
de uno labios – 
de plástico.
 
Bajo la frente, 
más arriba que los labios, 
postizas pestañas 
hacen gimnasia.

¿Por dónde iba? 
mastica y llama.

Un nombre que sube, 
que baja, que busca. 
Se retuerce – no emerge. 
Se retuerce – no emerge 
de la tela. 

¿Por dónde – mastica y llama. 

Naces – creces – padeces – 

aún, ves, se me parece, 
se llama: 

EL DESFILE 

Sin enterarse, 
pasan por delante 
de mis bocas 
mil soldados verdes.

Nos van a ver aquí 
tirados en la lluvia:
llenos de manchas 
oscuras, vaciados 
por el viento. 

Hay que ponerse rojos 
por la circulación de las venas. 
Voy a estallar un poco
en la espera. 

Hay que levantarse 
temprano y por el lado
equivocado; hay que 
hundirse. “¡Díselo!”
Me olvidé. 

He roto un par de gafas 
y ahora gritan 
por las esquinas: 
mirad sus ojos 
tan abiertos, tan comidos 
por el vidrio – 
mirad sus ojos. 
Gritan. 

Vamos a traer el esquema 
a los campos, el aullido 
a las calles destrozadas. 
En voz alta 
quitarte la ropa, 
con esta prisa nuestra 
en contra 
de cualquier sistema.

“Se van a caer”. 

Es un desafío
sin líneas y con fiebre. 

El enigma, la fórmula
hallada: a lo largo
de la cena, me carece
el pulso; 
el hambre anuncia
su progenie – 
y me duelen 
tus labios. 

Es este el día 
en que se desmayan 
los oyentes:
los traspasan
sin decir nada
mis dientes. 

Es el desfile. 

No hay que tener miedo. 
Todo se ha acabado. 

Tu camisa está sucia. 
Ten cuidado. 
Tu camisa está sucia. 

“No lo sabía”. 
Cubres el hueco en tu pecho
con periódicos y acento. 

Nos van a ver sin duda
tirados por el suelo
y aplastados:
tan agudos y patentes
por traición 
de las hormigas.

Acaecer
significa, a veces,
tener mala
memoria y ninguna
medida.


Nombre:
Elena.
Apellidos:
Cappai Bonnani.
Altura:
Constante.
Escuela creativa en la que te estás formando o de la que has sido alumno:
Formo parte del grupo de poetas [email protected] [email protected] con la revista «Neutopia»: compartimos la intención de ruptura con respecto a los clichés de la expresión y del código poético, buscando una reproblematización del poder re-presentativo de la palabra a raíz de la herencia que dejaron las vanguardias y neovanguardias. Personalmente, mi formación empezó por el estudio del surrealismo en su matiz más radical: deseo emplearlo como medio para liberar(se) de – y en – la codificación activando sus interferencias, ráfagas y puntos ciegos. 

¿Cómo te has enfrentado al proceso de creación de estos textos?:
Estos textos, salvo El desfile, fueron escritos en italiano y luego pasaron al español. 
Farmacia degli Incurabili es lo que tiene que ser un poema algunas veces: un dispositivo, algo que estalla. Lo escribí durante una estancia en Nápoles, tras la noticia que llegó desde Turín sobre la expulsión de [email protected] [email protected] que ocupaban un importante espacio social en el barrio; está dirigido a esos “incurables”, los que prefieren aplicar la herida y no aplicar las vendas. 
Retina investiga la superposición de unos planes de memoria y olvido por medio del trabajo de una costurera, a partir del elemento surrealista del maniquí con sus oposiciones; lo escribí pensando quizás en mi abuela, en su vida esparcida por diferentes tierras a través del mar, su máquina de coser y los deslices de su memoria.

Lo sencillo:
El agua: sus derivaciones.
Lo difícil:
La sangre: cerrar el círculo.
Lo inesperado:
Para Léo Ferré “la desesperación es una forma superior de crítica”. Lo desesperado a menudo traiciona – apela, invoca – lo inesperado. Creo que esto es nuestro trabajo: por y para esto hay que escribir. 
Dos palabras para describir tu proceso creativo (en relación a los textos que nos envías):
Sed. Cirugía.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Te puede interesar