Rarîksmö avant la lettre

Los textos que aquí se recopilan son las únicas muestras conservadas del RARÎKSMÖ, movimiento vanguardista desarrollado en la Montaña Asturleonesa en la primera década del siglo pasado, cuyo final se precipitó por la conflagración mundial de 1914.

Algunos de los integrantes de este Movimiento fueron Marcelino Rubio, Sancho Bertomeu, Esteban Pintón y Eleonora Batalla, que extendieron su influencia a la generación de poetas gallegos y asturleoneses de los años veinte.

Así, les presentamos su Manifiesto Fundacional, uno de sus paradigmas poéticos encontrados junto a él a cargo de Marcelino Rubio y el Diario de Eleonora Batalla.

Documentos estos hallados en la casa parroquial de San Emiliano (Babia de Abajo), que fue pósito de grano antes que eso, casa de mal vivir antes incluso, cerería con anterioridad y baño público en sus inicios.

 

MANIFIESTO
RARÎKSTÄ

Así como el lodo fagocita las huellas,
así las letras Ráraks nunca estarán donde se las espera.

Y si en ocasiones, como el leve sorbo de aquiescencia, pareciera
que se daba la concurrencia, se desatará de nuevo el desatino
para azote de la vieja esperanza.

Así como el tornado pule las grandes praderas y hace arena de montañas
rocosas, así enfilan la gramática y sus hijas las letras Ráraks,
desde la torsión y el desvarío.

Y si en ocasiones, como buena madre tratara de dar cobijo
al viejo orden, explotará el aluvión dormido
amenazando devorar a quien le dio la vida.

Así como el amor y la lógica tratan de desembarazarse
del ser y su contrario en un momento conciso,
así pretende este Movimiento y consigna y grita sin remedio
que el no ser se mueve a horcajadas del ser y le roba su sitio
y le implora un pedazo de miga en su mismo fogón
y al pie de su misma lumbre.

Y si en ocasiones, como buen con-sentido dispusiera
demorarse un trecho para evitar el alcance,
se permutarán los términos y la lógica
caerá de nuevo al catre de lo imposible.

Así como la pasión y el ardor imprevisibles nacen en una décima mínima
y no se ocupan de preguntarse cómo, de preguntarse cuándo,
así esculpen en el papel o el aire las letras Ráraks su espectáculo.

Y si en ocasiones, como buenas damas o galanes de noche intentáramos
reducirlas al modelo preciso o cumplir a su través el mejor sueño,
si nos propusiéramos obsesivos acabar de pulirlas o ajustarlas de sal
en demasía,
se atragantarán de risa y comenzarán a supurar sus sobrenombres
sin mesura ni contención posibles.

Así como el pisto se engrana de colores de huerta
sin pantón ni paletas,
así estas letras diseminan los temas, los digieren y mezclan.

Y si en ocasiones, como buenos estetas nos dejáramos ir
al amparo curioso de la historia y sus rezos,
los estertores del cuento sin amplificaciones se oirían
en las lunas de Júpiter.

ALGUNA/S TENSIONES/S DE TIENDA DE ULTRARARÎKSMÖ

 Marcelino Rubio (1885-1943)

Semana terca usúrpamem
y damem consejos demente/s.
Aprieta como madre iterativa tiva,
sin tela que cortar,
ni cliente dependiente del comercio.

Pongo en venta el rarîksmö
de la jornada mientras polvo limpio
sobrante anacrónico escaparate
de mi nefasta inexistencia:
Usura de ratón,
raquitismo, rarîksmö,
rarîksmö, raquitismo,
el jonar, el surdol,
avaricia estival de abrevadero/s.
¡Qué insolentes nos hemos vuelto abuela!

¡Perras chicas, atrofia
contable de estofados y minucia/s!
Quiero holgazanear solo
aunque sea durante menudencia/s.
¡Qué fecundo el no hacer!
¡Que felicia el dormir!
el no dar golpe, el bebercio, el barbecho.

Qué tiniercas las tablas
de tienda de pueblo que atiendo,
si lo que solo siseo es tenderme.
Gestos de vividor rural.

Desde mi matacán, veo reducto,
colecto a esos payasos del maíz
maquillados de vientos, a la fuga
de aquel circo de estruendo,
notablemente ajeno, Torrestío.

No queda nada telúrico ya
que ofrecer salvo adioses,
mustios y asustadizos, órdago/s.
Se acerca el fenecer.
Nada mejor que mi menudo muermo
en el hecho de musgo.

Febril es este inglicio
de sinio, signado de hueco/s.

Hoy tengo alguna moda en la caneja
y estoy revoltoso, ya sabes,
siempre por si se tercia algo de carne
no solo vino,
caramecas, cecina, los garbanzos
y espinalos para cuaresmam.

Y en mitad de las caldas sigo
y escalfo impertinente
la luna ufana y milagrosa.

Me libraré de la ordalía
de mis bocetos de anteayer.

¡Ay este acaecer
de un gris gramatical nada marchito!

Todavía me eslleza la bepanta
que se repite en cáscaras de huevo,
en los olvidadizos tránsito/s,
líneas del alambre migratorias,
sostén de tantas alas
que concluyen portuarias en ciudades
desde aquí, Babia voladiza.

Sé de algunos que cuentan
que se fletan las plataformas
de navieras infaustas.
Allí quiero irme yo, a incendiarlo/s,
a prender fuego a la huida rabiosa
de las michas bregrantes,
desde esta letanía de local
perplejo que me contempla.
Lluvia de caracoles
utopía de batracios, luciérnagas desbaratadas.
Hay grillos reunidos y también yo que cierro.

De los campos sin dueño lo aparente,
es relámpago más que ayer, claustro,
manojo, estertor… Yaceré
con mi adentro una vez más, sin el ceño,
sin orden, albergando el runrún
de los sueños desaparecidos.

Y mi rarîksmö sigue en insistencia
como el valle que quiebra así infinito,

su estructura en contraste desnutrida.
¡Cuánta frondimia vendosa no obstante!

Presiento mis uñas nerviosa/s
se adjetivan de tanto surco, saben
de molinos en desafío/s
de terciopelo inusual.

Las mujeres endeudadas y todos
esos hombres repletos.
Ahora escuchadles cuando
acometen delitos en la siembra,
en sus manos cientos de tocamientos,
aburrimiento de estación.

Acercoas, vedme, cotad
con vuestras lenguas los imperceptibles
imperdibles de varón sostenido.

Fuera de horario cuánto indecoroso.

No acierto a entender esta religión
de campanarios y relojes muertos.
Además del puñal devoto
de besos que obtiene siempre bostezo
en el cortejo primerizo.

He bajado la siarpena y me quedo
en la cantina de mis oraciones:

Habré de matar un gorrión para el arroz de marzo.
Habré de matar un gorrión para el arroz de marzo.
Habré de matar un gorrión para el arroz de marzo.
Habré de matar un gorrión para el arroz de marzo.
Habré de hacer los trotes de trapo/s.
Habré de trenzar el rarîksmö.

DIARIO

Eleonora Batalla (1898-1926), “quien no sabe quién es, ni qué aproxima”.

El diario fechado en 1925 se encuentra incompleto, con páginas incomprensibles y con hojas visiblemente arrancadas.

Lunes de marzo de luna llena, Babia. León.

No entiendo cómo no están encadenados a esta estructura arquitectónica de K, con su aire semita de mano abierta, esta letra tan bella como de huella de gallo, como destreza de barro en los gallineros de la tía Paca. ¡Ay si supiese la tía que ando usando las palabras y las letras para semejante desfachatez como es pensar o pensarse desde las letras! Como si la viera: ya empieza la niña clueca a desvariarse ¿en qué momento le distéis un libro a la Eleonora? preguntará al viento y será contestada con la ignorancia serena de mi madre.

Klueca, klueca, klueca.

Mi madre no sabe por qué pero dice que estando de mí preñada y anonadada a la lumbre tuvo claro que su Eleonora sería una letrada, una mujer de sonora realidad desde el papel, que leería, que sería maestra de escuela y casi más cree que química o salvada cual corcel encantado de mano de la ciencia: así es mi madre, obsesiva con sus ensoñaciones y desatendida de la realidad.

Los cangrejos ¿kângrèjôs? que adornan los jarrones sin flores del salón lo atestiguan: creo que en ese verano de luz le sucedí.

Sigamos con la K, superviviente o erradicada, animal herido en la concavidad suavísima, de tan gruta de la C, tan redonda, tan simple, tan terrena, ajena a esta verticalidad mágica de la K. He visto unos dibujos de una estructura de alambre que celebra la revolución francesa, esa torre que es hierro y asombro ligero, inmensa: así la K deberá colgarnos a todos, revolucionarios, supervivientes de estas nuevas lindes, de esta brutalidad institucional (tengo miedo de que encuentre Horacio, el panadero, estas cuartillas, ya sabemos de su gusto al grito público, hoy sería denunciada si me supiera en este borde).

Insisto, la letra K debería ser definitiva. El 11 como número que condiciona, que suma, que duplica variantes. La K es proporción alambicada, alhambikada, diré siempre contando esta humanidad, amándonos desde cada brutal opción del manifiesto: quiero decir, elevo el deseo a cada piedra, a cada canto rodado, decidir la pregunta, decidid: kuestionar, kuestionar, kkkkkuestionar.

Quiero el movimiento entre acantos y lumbres.

Qué fogón, quedémonos en este plan existente de la verticalidad, la Kazería.

Dejo hoy esta duda, alguien llama.

Sábado, 14 de marzo de un corriente día, salvo por el encierro.
(Hay una revolución en la plaza: lo llaman silencio).

Quién dice que la jota es solo folclore no ha tenido a bien sentir el cuchillo de cuando jota es de real, a bien tener ha sido el sonido un absurdo que no se respeta y, digo yo, si gimen o si jimen ¿cómo o quién diría que es lo mismo?

Yo jimo hasta el hüeso.

Esta noche soñé con Juan Ramón, lo soñé ediciones, premios de ideolojía sin cariño público, en censura.

Me ha mandado dos o tres papeles, qué nerviosa me siento cada vez que me asume a su certeza: no nerviosa, rârískma, acompañada en esta ideolojía de navaja sutil.

¿Cómo explicar esta enfermedad alfabética sino en él? (Admito que a veces lloro sabiéndome acompañada).

Azota quizá, ¡huelga la cruz! Azote, azogue, encierro. Dicen que ha llegado alguien de la kapital ¿traerá una nota? Ya sabe Juan Ramón de mis pesquisas.

Desde luego si algo es el ráriskmô, es un ejercicio de imajinación. Naufrajio en este azogue de tinta… (fragmento dañado, ininteligible).

Jirón de nota: sin fechar.

Desconocer.

Reconocerte en el diluvio

Es un lunes esdrújulo, plomizo el cielo.

La luz inesperada sostiene.

¡Nos hemos jemido tanto! ¿Cuántos son los jirones de esta pena?

Hay quien tiembla el aburrimiento y hay quien… que sí, que sé que ni yo me entiendo: tengo el miedo como nido de pájaro, como pajar de gritos: quién fuere tuerto entre dos mundos.

Mamá lloraba esta noche el entierro de los caracoles en tierra movediza, dice que ¡tanta fragilidad! e inmediatamente desangra el cordero: miro la imagen nítida y brillante al caer de la sangre asustada. Siento un pinchazo entre las piernas: hay días que mi individualidad me sobrecoge, qué con tanta extrañeza.

Hay verbena y yo aquí, desplumándome sola, de arroz a zorra con toda esta angustia gramatical. No soy sino eco, este lenguaje adulterado, estas fiebres.

Es todo inusual: cambian las sombras y me digo que nunca seré más joven que hoy, mientras recojo estiércol y sonrío apurada a una señora sorda que hoy cumple 30 años de llanto ininterrumpido. Me digo yo ¿dónde está el apagador de tormentas? Muchos lo ansían, otros saben el fruto y la cosecha, en cambio ¿dónde la dulzura en este abecedario de días? ¿Para qué esta esterilidad?

Me digo yo todo el rato: ¿dónde está mi pudor?

Viene la Paca, sigo después.

Miércoles de un marzo anodino.

Hay un perro: se ha comido sus entrañas.

He huido sus fauces, masticando.

Domingo: he simulado unas fiebres, salto la iglesia.

sssúfrâjistas, súfrâjistas, súfrâjistas ¡¡¡¡!

Dicen que ha venido de Oviedo un señorito y que ha oído cosas horrorosas (harmoniosas, harmoniosas, harmoniosas): mujeres echadas a la calle, reclamándose.

Quién me dijese, ella, Pankhuist, (el lechero afín trae nombres, es tan fuerte el lechero, pero qué mal deletrea, como de paladar de caramelo: quizá mi fiebre no es finjida, finjida, finjjjjjjîda) ella, ella me lo ha contado, los pájaros, los pájaros celebran nuestros gritos ¡son esdrújulos!

sssúfrâjistas, súfrâjistas, súfrâjistas: lo escribiré y lo gritaré aquí dentro: ojalá cayesen estas letras en malas manos y saliéseme de estas piedras, aun fuese al infierno siendo yo.

Tiene razón mi madre, digo píos y no sé a qué: pero por Dios ¿cómo no sentir amor por quien se dedica a nuestra libertad?

(¡Bolchevikê, BolxevíKê, BolsheÝkê…) Son solo sueños, solo apuestas, son sus acentos, son sus sonidos, tan de nuez y tan de aceite viejo que fríe historias. Tiene razón mamá (mamá siempre siempre tiene razón), debería lavarme, acostar estas fiebres ¡Es todo tan brillante! Soy tan afork/teên*Nâdò ¡Ahy! (le siguen letras, como jeroglificos o dibujos cuyo sentido, de tenerlo, no podemos recuperar).

Hoy una señora muy blanca, como a lejía, extranjerísima, nos ha tomado fotografías. No creo que pueda ver jamás cómo hemos salido. Tenía nombre de cuento.

Andrea López Montero, Marisa Bello & Jimena Cid
Consejo editorial agua

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